William Gorgas y su Trabajo en el Istmo Panameño

 

William Gorgas  y su Trabajo en el Istmo Panameño


William Gorgas fue Cirujano General del Ejército en 1914, y allí  junto al Dr. Walter Reed, y un médico cubano Carlos Finlay, el cual descubrió y demostró que el mosquito Aedes Aegypti, antiguamente conocido como Culex, transmitía la fiebre amarilla y sentó las bases de la comprensión con respecto a la prevención a gran escala y la vacunación contra esta enfermedad.

Gorgas ganó fama internacional luchando contra la enfermedad, entonces el flagelo de las zonas tropicales y sub-climas tropicales, primero en Florida, después en La Habana y Santiago de Cuba y finalmente en el Canal de Panamá.

Como oficial jefe de sanidad en el proyecto del canal, Gorgas estableció programas de sanidad de largo alcance que incluían el drenaje de estanques y pantanos, fumigación, mosquiteros, y sistemas públicos de agua.

Estas medidas fueron fundamentales para permitir la construcción del Canal de Panamá, ya que impidieron de manera significativa enfermedades debido a la fiebre amarilla y la malaria (que también había demostrado ser transmitida por los mosquitos en 1898) entre los miles de trabajadores que participan en el proyecto de construcción.

Es conocido por su trabajo en disminuir la transmisión de la fiebre amarilla y la malaria, por medio de control de los mosquitos que la transmiten, en un período donde esto era considerado con escepticismo y existía oposición hacía dichas medidas de control.

De acuerdo con las memorias transcritas por su esposa Marie, al llegar a Panamá, Gorgas encontró un lugar ‘terrible'. Colón lo sorprendió como ‘un pueblo sucio y dilapidado', donde los niños deambulaban desnudos en ‘medio de casuchas rodeadas de pantanos pestilentes cubiertos de aguas negras'.

Panamá, que por años había tenido la fama de ser uno de los sitios más insalubres del planeta, debía convertirse en un lugar sano para acoger a los más de 40 mil trabajadores que se esperaban para las obras. Ni en la terminal atlántica del ferrocarril ni en la del pacífico, Panamá, había alcantarillados.

En general, el istmo era el paraíso de los mosquitos. No solo la temperatura, que permanecía constante a través del año, permitía su constante renovación. Las costumbres de la población también ayudaban. En las casas de la ciudad de Panamá, el agua se almacenaba en barriles de madera y tinajas de barro, en las que abundaban las larvas.

Las zonas urbanas de Panamá y Colón bullían de actividad. Mientras los obreros excavaban las principales calles de la ciudad para construir el primer acueducto del país, ‘el ejército de Gorgas', como le llamaban los panameños, integrado por decenas de trabajadores, circulaban desde las primeras horas de la mañana, cargando escaleras, cubos, rollos de papel manila y viejos periódicos, tapando ventanas, revisando acumulaciones de agua.

Las brigadas de fumigadores contratados por la Comisión del Canal Interoceánico recorrían a diario las dos ciudades fumigando casa por casa, vertiendo aceite en los charcos de agua, colocando telas de alambre sobre barriles y depósitos de agua, inspeccionando lecherías, panaderías, barberías, caballerizas y los productos de consumo como la carne. Se buscaba a los enfermos para trasladarlos a los hospitales.

‘Tal es la fiebre de verter aceite que en alguna casa este ha sido derramado en aguas para beber y en aguas acabadas de comprar a los aguadores para un baño', se quejaba en enero de 1905 La Estrella de Panamá.

A pesar de los esfuerzos de Gorgas, estos no eran suficientes. Consciente de que necesitaba más recursos, y más gente, acudía con regularidad a sus superiores en Panamá, pero estos no creían importante sus labores. George Wallace, la máxima autoridad de la Comisión en Panamá, no creía en esa ‘teoría de los mosquitos' y se molestaba con los constantes pedidos del médico.

En junio de 1905, cuando ya habían llegado al país centenares de trabajadores, ocurrió lo que el jefe de sanidad temía: estallaron las epidemias. Entre el primero de mayo y el 31 de agosto de 1905, 47 empleados del Canal murieron de fiebre amarilla; el doble falleció de malaria; 49 de neumonía; 57 de diarrea y 46 de disentería.

Los trabajadores negros de las islas caribeñas fallecían de neumonía. Un caso de peste bubónica se detectó en La Boca. En un momento entre estos meses, el 50% de los obreros recién llegados estaba hospitalizado. Los trabajadores entraron en pánico. Los periódicos estadounidenses anunciaban el fracaso de la empresa del canal.

En agosto 13 de 1905, la Estrella de Panamá se quejaba: ‘Gastos, gastos y más gastos y nada. los procedimientos que aquí se emplean para acabar con los roedores e insectos nunca permitirán llegar al deseado fin... Mejores resultados podrían obtenerse con cualquier clase de leña, según el procedimiento de nuestros campesinos contra los mismos mosquitos'.

El mismo artículo anunciaba que había llegado al país un verdadero experto en combatir los mosquitos y se ofrecía a pasar a Gorgas el dato para ‘ayudarlo'. Cuando el coronel Gorgas ordenó que el agua bendita de la Iglesia de la Catedral en la ciudad de Panamá se cambiara a diario, los panameños interpretaron la medida como un insulto.

A raíz de esto George Wallace, renunció y fue sustituido por el ingeniero John Stevens,  bajo el liderazgo de Stevens al trabajo de Gorgas se le asignó la máxima prioridad.

Se puso a su disposición unos 1,200 hombres y se le aumentó el presupuesto anual de $50 mil a millones de dólares - se calcula que el presupuesto de Gorgas constituyó el 5% de los gastos totales de construcción del Canal.

Ahora sí había dinero. Se contrató a un arquitecto para diseñar las barracas de los trabajadores, los edificios de la Comisión y la vivienda de los oficiales de acuerdo con las necesidades: ventilación, cobertura total con mallas contra los mosquitos y una sola puerta de entrada, de manera que fuera más fácil controlar el ingreso de los insectos.

Se construyeron miles de millas de zanjas de cemento para drenar los pantanos y aguas estancadas; se cortaban los montes y herbazales de la ruta del canal a menos de 200 pies de todo asentamiento humano. el trabajo más fuerte de profilaxis se hizo entre los meses de septiembre y diciembre del año 1905.

En diciembre de 1905, se dio el último caso de fiebre amarilla en el Istmo. Para diciembre de 1906, tanto en la Zona del Canal como en las ciudades de Panamá y Colón, la endémica malaria, que afectaba a miles de personas a lo largo de la ruta canalera se había reducido a menos de un 5% de incidencia.

Ya para entonces había sido inaugurado el acueducto que, por primera vez en la historia del país, proveía agua potable a las comunidades de Colón, Panamá, Cristóbal, Ancón, La Boca, Culebra y Emperador. Los hospitales, equipados con instrumentos y profesionales de primera, brindaban servicio gratuito a panameños y extranjeros.

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