El Canal de Panamá, una prodigiosa obra de ingeniería
El Canal de Panamá, una prodigiosa obra de ingeniería
A lo largo de la historia de la civilización, potencias han surgido, evolucionado y desaparecido y la mayoría de las veces, su vigencia siempre ha estado vinculada al dominio de los flujos del comercio, especialmente de las rutas navegables. Es por ello que desde que Vasco Núñez de Balboa descubrió la existencia de otros mares en septiembre de 1513, se visualizó la posibilidad de conectar los dos grandes océanos mediante la construcción de algún tipo de canal que permitiera la navegación entre ambos.
Pero mucho antes
de que se llegara a construir el canal, Panamá fue una ruta natural para el
tránsito de mercancías y personas. Entre 1606 y 1739 se realizaron en Panamá
las Ferias de Portobello, donde convergían las expediciones comerciales
provenientes de España con mercancías para ser vendidas en las colonias; de
regreso trasladaban metales preciosos y otros productos procedentes
principalmente del Virreinato del Perú. Los galeones llegaban a Portobello, en
la costa Atlántica de Panamá, y la mercancía era transportada en mulas desde y
hasta la costa Pacífica; desarrollándose en Panamá el primer sistema de
transporte multimodal interoceánico.
Durante el siglo
XIX se realizaron varias expediciones científicas al istmo centroamericano que
culminaron en la presentación de resultados ante el Congreso Internacional de
Estudios del Canal Interoceánico celebrado en París en mayo de 1879, en el que
se elige la ruta para construir un canal a nivel del mar entre el Atlántico y
el Pacífico por Panamá. La magna obra de los franceses fue iniciada por de
Lesseps el 1 de enero de 1880. Después de una multitud de calamidades de toda
índole, la Compagnie Universelle du Canal Interocéanique se declaró en quiebra
el 15 de mayo de 1889. En un esfuerzo por salvar algo de la inversión, los
interventores de los bienes de la compañía conforman en 1894 la Compagnie
Nouvelle, que trató sin éxito de continuar la obra hasta que la intervención de
los Estados Unidos cambió la historia.
Para ese entonces,
los Estados Unidos, una potencia marítima y continental en formación, había
mostrado interés en construir un canal por Centroamérica, principalmente con
fines militares, para facilitar la defensa de sus costas. En 1900, el Congreso
de los Estados Unidos aprueba el proyecto de un canal por Nicaragua, pero el
francés Philippe Bunau Varilla, junto con otros abogados en New York tratando
de recuperar algo de la inversión francesa, inicia una campaña a favor de que
la ruta sea por Panamá. El principal argumento que utilizan es el peligro
sísmico de Nicaragua. El 18 de enero de 1902, la Comisión del Canal
Interoceánico favoreció la ruta por Panamá y el 28 de junio el Congreso de los
Estados Unidos aprobó la construcción del canal.
Para ese entonces,
Panamá formaba parte de Colombia, por lo que las negociaciones para la
construcción del canal se dieron entre Estados Unidos y Colombia, llegándose a
firmar el Tratado Herran-Hay que, finalmente, fue rechazado por el Senado
colombiano. Ello propició las condiciones para que Panamá se separara de
Colombia, lo que resultó en el tratado Hay BunauVarilla, firmado por el
francés que había sido nombrado embajador plenipotenciario de Panamá en
Washington. En 1904, los Estados Unidos compraron en cuarenta millones de
dólares los intereses franceses en Panamá.
La construcción
del canal evolucionó de una manera muy diferente a la forma en que lo habían
visualizado y ejecutado los franceses. El primer cambio trascendental fue la
decisión de hacer un canal a esclusas. El jefe de ingeniería, John F. Stevens,
cuya experiencia había sido principalmente en la construcción de ferrocarriles,
había visto el caudal y la fuerza del río Chagres, lo que lo llevó a concluir
que el principal reto era controlar el río. Esta decisión fue trascendental, no
sólo en cuanto al diseño y construcción, sino también por las implicaciones que
tendría para la industria naviera en cuanto al diseño y tamaño de los buques
que iban a navegar por dicho canal, ya que el tamaño de las esclusas sería la
limitante.
De igual manera,
la decisión de construir un canal a esclusas definió la capacidad de la vía en
términos del número de buques que podrían transitar por día. Para controlar el
río y operar el canal a esclusas, sería necesario represar el Chagres y crear
un lago, llamado Gatún, que en su momento llegó a ser el lago artificial más
grande del mundo. Este lago definiría igualmente, la dependencia del canal,
para su buen funcionamiento, del cuidado y conservación de la cuenca
hidrográfica que alimentaba el lago. A pesar del impacto negativo que causó la
creación del lago, a más largo plazo la necesidad de conservar la cuenca
hidrográfica iba a obligar a Panamá a desarrollar una cultura para la
protección del medio ambiente que es poco usual en un país en vías de
desarrollo. Otro efecto ambiental positivo, que quizás fue imperceptible en esa
época fue que al construirse el canal a esclusas con un lago artificial de por
medio, éste actuaba como una barrera que preservaba la estabilidad ecológica de
la fauna marina de ambos océanos.
La construcción
del Canal de Panamá conllevó dos aspectos fundamentales que fueron
determinantes en la conformación de la sociedad panameña y que también
afectaron el desarrollo económico y político de Panamá.
Con la firma del
tratado Hay-Bunau-Varilla, se entregaba a los Estados Unidos, a perpetuidad, una
franja de tierra que posteriormente sería denominada Zona del Canal, en la que
regirían las leyes de los Estados Unidos. Este enclave en el centro del país
albergaría las instalaciones y actividades pertinentes a la operación,
mantenimiento y defensa del Canal. La franja no solo dividiría al país en
términos geográficos; también sería durante más de 75 años causa de conflictos
entre Panamá y los Estados Unidos.
Finalmente, y no
menos importante, el esquema de operación y funcionamiento del Canal no daba
participación a Panamá con respecto a utilidades ni beneficios financieros por
el Canal, por lo que los únicos beneficios que percibiría sería una modesta
anualidad y el empleo directo e indirecto de nacionales, que durante la mayoría
de los primeros 75 años percibía salarios muy por debajo de los que devengaban
sus pares norteamericanos. Todo apuntaba a una creciente presión política y
social que explota con los eventos del 9 de enero de 1964, que resultan en la
muerte de 23 jóvenes y más de 200 heridos panameños. El hecho es denunciado por
Panamá ante la Organización de Estados Americanos y el 21 de marzo de ese año,
el presidente de Estados Unidos, Lyndon B. Johnson, reconoce que “las
reclamaciones panameñas se fundan en un hondo sentido de las necesidades
sinceras y justas de Panamá”, y añade, “Es, por lo tanto, nuestra obligación
como aliados y compañeros reexaminar esas demandas y satisfacerlas sea tanto
justo como posible. Estamos prontos para hacerlo.” Pasarían más de diez años,
hasta que el 7 de septiembre de 1977, en la sede de la Organización de Estados
Americanos, en Washington, se firman los Tratados Torrijos-Carter, relativos al
Canal y a su neutralidad permanente. Los tratados ponen fin al concepto de
perpetuidad y definen la liquidación de la Zona del Canal y la fecha en que
Panamá asumiría el control del Canal, al medio día del 31 de diciembre de 1999.
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